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En tapa Entrevistas

“El periodismo cuando se hace narrativo toca el arte”

 

 

Julián Stoppello

Jorge Fernández Díaz sabe de éxitos. Su novela Mamá vendió 3000 ejemplares en poco más de 24 horas y se constituyó en una auténtica bomba editorial. Y algo parecido sucedió con La logia de Cádiz, que ya vendió más de 100 mil volúmenes. La rubrica del periodista de La Nación, de un tiempo a esta parte, se ha convertido en una invitación segura para los lectores: las historias de Fernández Díaz, disímiles en sus temas y enfoques, funcionan y funcionan porque el autor tiene el oficio de salir a buscar al lector desde el primer párrafo, sin rebusques, con sensibilidad y una pericia admirable.
En diálogo con el programa de LT 14 Pagaría por no verte, Fernández Díaz aceptó involucrarse en un fino análisis sobre el éxito y el fracaso, tanto en la literatura como en el periodismo. El resultado de esa entrevista es una serie de reflexiones clarísimas, para anotar en la bitácora de cualquier aspirante a periodista o escritor, lo mismo que para un lector cualquiera.
-¿Cómo es su relación con la palabra éxito?
-El éxito es muy tramposo, muy difícil de conseguir y engañoso de perseguir. Sobre todo en literatura, tratando de seguir el éxito uno puede llegar al fracaso más grande que es hacer mala literatura, de baja calidad. Nunca se está más cerca de un gran fracaso que cuando creemos que estamos cercanos al éxito. En mi caso he tenido éxitos y fracasos, he escritor una novela que me ha costado muchísimo como El dilema de los próceres y al público no le interesó. Y después escribí Mamá y fue un éxito impensado, tanto que yo al principio sentía que estaba escribiendo un libro para mis hijos, un libro casi secreto. Después pensé en hacerlo por entregas en la revista en que trabajaba (Noticias) y cuando finalmente se publicó se hizo con una tirada baja para no correr riesgos. Y se vendieron 3000 ejemplares en un día y medio. Es misterioso el asunto.
-Después de esa repercusión, ¿no se tentó a buscar por el mismo camino?
-No pude, muchos editores me han dicho, “bueno Jorge ahora has tenido un éxito con Mamá, hacé un libro parecido”. Y no pude volver a hacerlo. Hice Fernández, resultó completamente distinto y no tuvo tanto éxito. En cambio La logia de Cadiz fue una bomba impresionante, vendió 100 mil ejemplares y después ya querían que lo que había hecho con San Martín en ese libro, lo hiciera con Güemes o Belgrano, y yo sentía que hacer eso era traicionarme. Buscar el éxito mecánico era una gran traición literaria y no lo pude hacer.
A veces me dicen que participe en tal concurso o escriba tal novela y la verdad es que no puedo, lo único que puedo hacer es lo que puedo hacer. Sigo sintiendo que la literatura es esa cosa gozosa, lúdica, caprichosa, que no se rige por el mercado.

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-Más allá de las ventas, ¿cuándo se sintió exitoso o cercano al éxito haciendo literatura?
-La novela Fernández fue la que menos éxito tuvo y sin embargo es la novela que le podría regalar a un escritor que admiro. Es una novela de mi generación, yo sentí un gran triunfo personal cuando terminé ese libro, aunque después no fue la más exitosa en ventas.
-Qué difícil debe ser pensar en eso de qué libro le puedo regalar a un escritor que admiro.
-Cuando estuvo (Mario) Vargas Llosa que lo tuve que presentar y entrevistar en la Feria del Libro, yo le quería dar Fernández, pero resulta que un amigo mío Juan Cruz Ruiz, un gran escritor y periodistas de El País de Madrid, le había hablado tanto, pero tanto de Mamá, que me conminó Vargas Llosa a darle un ejemplar de Mamá y entonces no pude resistirlo y le di ese, pero si por mi fuera le hubiese dado Fernández.

 

“El éxito es muy tramposo, muy difícil de conseguir y engañoso de perseguir”.

 

“Yo me jacto de los fracasos”

En periodismo, dice Jorge Fernández Díaz, secretario de Redacción del diario La Nación, “tuve grandes fracasos y grandes éxitos”. Es más, plantea el profesional, “otros se jactarán de los éxitos, yo me jacto del fracaso, me jacto de haber sobrevivido” y entonces enumera: “Estuve en el primer diario Perfil que duró 82 días, en la revista Somos cuando cerró, y a la vez tuve grandes éxitos en Gente, Noticias, La Nación”.
Con los libros periodísticos, señala Fernández Díaz, sucedió de la misma forma: “El hombre que se inventó a sí mismo sobre Neustad fue un gran fracaso. Pero después hice Corazones desatados y fue un gran éxito”.
El profesional reconoce que finalmente “casi todos mis libros tienen que ver con el periodismo” y revela que “el periodismo fue para mi como mi esposa y la literatura como mi amante”. Entonces desarrolla la idea: “Tuve la dicha o la desgracia de tener dos vocaciones, si una vocación te come la vida, dos vocaciones luchan por tu energía y tu tiempo día y noche en pelea rabiosa. Muchas veces tuve en tensión entre ambas cosas, ahora siento que las tengo más integradas”.
Por otra parte, reflexiona Fernández Díaz, su actividad periodística se funde en ocasiones con la literatura. Con buena literatura. Eso no lo dice Fernández Díaz, lo que sí dice el autor es que “el periodismo cuando se hace narrativo toca el arte, me interesa muchísimo el periodismo como una forma de arte”. Y en esa dirección confiesa un método: “Yo siempre me pregunto, ¿este artículo que escribo de política queda? ¿va a quedar? podría colocarlo como capítulo de un libro, si digo que esto puede quedar en un libro es porque más o menos está bueno”.

 

“Sobre todo en literatura, tratando de seguir el éxito uno puede llegar al fracaso más grande que es hacer mala literatura, de baja calidad”.

 

 
Su obra

Nacido en Buenos Aires en 1960, Jorges Fernández Díaz ha publicado:
El asesinato del wing izquierdo (1987), Bernardo Neustadt: el hombre que se inventó a sí mismo (1993), El dilema de los próceres (1997), Mamá, una historia íntima (2002), Fernández (2006), Corazones desatados (2007), La logia de Cádiz (2008), El dilema de los próceres (2009) y La segunda vida de las flores (2009) entre otras.

 

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