Lorna
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Ser diferente detrás de las rejas

Lorna es alta, muy alta, de cuerpo escultural, morocha. Su cabello está cuidadosamente arreglado y cada detalle de su vestimenta, de sus accesorios, está elegido con precisión.

Lorna se maquilla con concentración de diva y sus gestos, sus movimientos se acomodan para agraciar su físico exuberante.

Lorna es travesti y cumple una condena por asesinato en la Unidad Penal Número 1, de Paraná y actualmente es la única con esa condición de género en el Servicio Penitenciario de Entre Ríos.

Identidad

Aunque todavía su DNI registre otro nombre (uno más vetusto, sonoro, indudablemente masculino y menos glamoroso), a ella en la cárcel de la capital entrerriana le dicen Lorna, como cuando caminaba a la vera de Almafuerte en la búsqueda de clientes. La Justicia la encontró culpable de matar a puñaladas en noviembre de 2007 a Héctor Mazzoni, en un descampado y la condenó a 16 años de prisión.

Claro, las cárceles en nuestro país están divididas en lugares de reclusión para hombres y para mujeres, hasta ahora al menos, y Londra Machado fue destinada a la de varones, a pesar de que su figura, su imagen, sus actitudes y su propia identidad tengan que ver más con lo femenino.

Ella está confinada en una celda individual, con baño privado, y por lo tanto, por una cuestión de seguridad y para evitar incidentes y complicaciones, prácticamente no comparte espacios ni actividades con el resto de la población carcelaria. Allí come, recibe a sus familiares en día de visita, lee, descansa, vive. Apenas sale una vez por semana para asistir a clases y anuncia que ahora que hace frío comenzará a tener un recreo de una hora en el patio pero a un horario diferente del resto.

El personal penitenciario dice estar acostumbrado a su presencia y, aseguran algunos efectivos, ya es prácticamente un interno más, aunque continúe esmerándose en el cuidado de su aspecto y use rouge, maquillaje, cabello en cascada y ropa acorde a su condición.

Entrevista

No fue fácil acceder a charlar con Lorna. No por responsabilidad del Servicio Penitenciario o de la Justicia, todo lo contrario. Sino porque ella parecía evitar el contacto con este cronista y hubo que hacer varios intentos hasta que nos recibió.

Llegó a la oficina en la que se realizó la entrevista producida como una diva: lentes oscuros que nunca se quitó, jean ajustado que marcaban su figura, zapatos de tacos altos de color verde manzana exactamente igual que el color del cinto, remera escotada resistiendo los voluminosos pechos, cabello recortado con estilo y labios pintados con un rojo suave.

“Estoy bien, muy bien”, afirmó varias veces y aseguró además que nunca se deprimió ni tuvo miedo.

-¿Qué sentiste cuando leyeron la sentencia condenatoria?

-Nada, porque ya sabía lo que iba a pasar. Yo no maté a nadie pero tenían que condenar a un travesti.

Imperturbable

El día que se conoció el resultado del juicio, Lorna, imperturbable, escuchó la sentencia. Parecía más preocupada en su aspecto, en el flequillo que lo acomodaba insistentemente, que en la decisión de los jueces que la destinaban a pasar años presa.

“Ya había estado dos meses presas, antes del juicio. Sabía cómo era esto”, señaló.

-¿Vos creés que te condenaron por tu condición de travesti?

-Yo no fui quien mató a esa persona.

Lorna prácticamente no tiene contacto con el resto de la población carcelaria. En su celda está sola y allí pasa todo el día. Cocina, limpia, lee algunas revistas, mira televisión y recibe a sus familiares.

-¿No conocés a ninguno de los internos?

-No y tampoco me interesa. Yo no tengo nada que ver con ellos. Ellos son ladrones, asesinos o narcotraficantes y yo no soy así.

-¿Ni siquiera te interesa para hablar o socializar con alguien?

-Para hablar, espero a mi familia.

Es que sus hermanos, sus padres y algunos tíos la visitan varias veces a la semana. Le llevan comida, ropa, material de lectura y el imprescindible maquillaje.

También, recibe la visita de su pareja, un hombre de 55 años con el que tiene una relación desde antes de la causa.

-¿Te pensás casar?

-Sí, pero cuando salga. Antes no. También me voy a cambiar el DNI cuando salga, pero no ahora porque sino me van a pasar a la cárcel de mujeres y yo quiero seguir como estoy, con mi intimidad.

Igualmente, las autoridades penitenciarias adelantaron que el cambio de identidad no era suficiente para trasladar a Lorna a la Unidad Penal 6.

Ella, cuando salga en libertad, realizará los trámites para adaptar su documento a su identidad verdadera, para que allí deje de figurar “Heriberto” y diga definitivamente “Lorna” y se consigne el género con el que se siente identificada.

A la ciudad

Lorna nació en Cerrito, en el seno de una familia de campo. A los 25 años llegó a Paraná y comenzó a vivir con otra travesti. Pero su objetivo era vivir de una manera más independiente y con el tiempo pudo construir una habitación en la casa de un hermano. Allí vivió junto a otra hermana que también es travesti, hasta que la condenaron.

Algunas cuestiones que se le negaron afuera logró concretarla en el penal, como por ejemplo terminar la escuela primaria.

“Cuando salga me gustaría seguir estudiando, enfermería podría ser”, comentó.

-¿Qué extrañás de afuera?

-Extraño las salidas, mi casa por supuesto, y mi perro.

-¿Lloras?

-No. Mi familia nunca me vio llorar. A veces lloro pero cuando estoy con mi pareja.

-¿Cuándo te condenaron no lloraste?

-No, porque ya sabía lo que iba a pasar. Después sí, lloré la primera noche.

Ella habla con serenidad, tranquila, con voz suave y por momentos inaudible.

-¿Cómo es el trato hacia vos del personal penitenciario?

-Bien, muy bien, no tengo ningún problema.

-¿Desde el principio fue así?

-Sí, siempre.

 

La importancia de llamarse…

Aunque para la mayoría de la gente, el nombre es un atributo dado por otro, Lorna tendrá la oportunidad de elegir el suyo. Y no es un detalle menor, ya que como diría Borges “el nombre es arquetipo de la cosa/ en las letras de ‘rosa’ está la rosa/ y todo el Nilo en la palabra ‘Nilo’”.

-¿Qué pensás hacer cuando salgas en libertad, en 2018?

-Cambiarme la identidad.

-¿Qué nombre te vas a poner?

-Lorna, seguramente, o si no el nombre de mi mamá: Leonor.

(Foto Nono Ruiz, un grande)

 

Fabián Reato

 

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