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Titanes de la palabra

Por Silvio Méndez
@silviomzen
Especial para Laurentino

 

Fabián Casas regresa a nosotros con una novela que era esperada por muchos, como quien aguarda ansioso el cumpleaños de un ser querido y sabe que habrá fiesta. Alguna vez supo visitarnos para un encuentro de poesía y todavía se lo evoca con afecto por estas tierras. Ahora nos sorprende con Titanes del coco, publicada por Emecé a mediados de 2015, pero que hace poco tiempo se consigue en librerías de la ciudad.
En Titanes…, de la mano de Andrés, un redactor periodístico recién iniciado, ingresamos a la atmósfera siempre mítica de un periódico, de un tiempo en que se podía fumar en las redacciones, pero en donde se reconocen algunas manías del oficio que aún se conservan.
Al igual que en muchos de sus relatos, Casas se nutre de ciertos registros autobiográficos para atrapar la atención y no dejarla escapar como lo hace un niño jugando con su pelota favorita. Esta vez con historias que se tejen en torno a una investigación secreta que le encarga al joven periodista un fantasmal jefe de Redacción –un ex guerrillero retirado a las lides gerenciales–, en un juego que el protagonista no termina por descifrar. En ella intervienen sus compañeros que desconocen sus tareas, y una novia que lo lleva por experiencias inéditas.
Ésta será la plataforma que nos transportará, con una escritura virtuosa y precisa, a otros relatos que bien pueden funcionar de forma autónoma del central. Nadie espere una narración lineal (“es la perdición”, dice el propio Casas); sí se disfrutará más dejándose llevar por ese clima que se va generando entre los dilemas laborales y las vicisitudes de un noviazgo que va y viene en el tiempo como un flash, y que terminarán por decantar en otras historias iguales de cautivantes.
Casas es un dotado para contarnos sucesos de la vida como si fuésemos testigos o los hubiésemos vivido en carne propia. Como pocos de su generación perturba su contundencia, porque llevados por su relato nada podemos prever a dónde nos conducirá.

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